El asunto es lo único que decide si tu email existe o no
Saber cómo escribir asuntos de email no es un detalle estético: es la diferencia entre que te lean o que no exista nada de lo que escribiste. La lógica es tonta de simple. Si no te abren, no te leen. Si no te leen, no te compran. Da igual que dentro tengas el mejor correo de tu vida: si el asunto no engancha, ese email no ha pasado nada.
Te voy a contar el tipo de asunto que mejor funciona, con diferencia, y lo hago con más de 1.500 emails enviados a mis espaldas. No es teoría de manual: es lo que he visto pasar una y otra vez en mi propia lista. Primero lo que NO debes hacer (porque ahí se cae mucha gente sin enterarse), luego los tres tipos de asunto que mejor me funcionan y, al final, un caso real medido que lo resume todo.
Lo primero: qué NO hacer con tus asuntos
Antes de los trucos, los frenos. Hay dos errores que se cometen constantemente y que tiran a la basura todo el trabajo posterior.
Las palabras que te mandan a spam
En el asunto yo no usaría palabras tipo “ayuda”, “oferta”, “urgente” y compañía. Te vas a la carpeta de spam y ahí no te abre nadie. Lo mismo con palabrotas o cosas subidas de tono: puedes usarlas, pero es un riesgo real.
Hay un matiz importante. Cuando tienes una lista fiel, gente que te abre siempre, la probabilidad de acabar en spam baja bastante (los proveedores de correo se fijan en si la gente te abre y te responde). Yo alguna vez me lo he saltado precisamente por eso. Pero si tu lista todavía no es así, no juegues con fuego: porque si tu correo cae en spam, da exactamente igual lo bueno que sea el asunto y lo brillante que sea el email. No lo va a ver nadie. Esto, por cierto, es una de las razones por las que escribir a tu lista con frecuencia funciona: una lista activa que te abre te protege de spam. Lo desarrollo en cada cuánto enviar emails a tu lista.
La obsesión con la longitud
Vas a ver por ahí a gente diciéndote que el asunto tiene que ser corto, que si entre tantos y tantos caracteres, que si el número mágico. Olvídate. Chorradas.
He escrito asuntos kilométricos que han funcionado de maravilla, y asuntos de una sola palabra que han tenido récord de aperturas. La longitud no es la variable que importa. Lo que importa es si genera ganas de abrir o no. Punto. Optimizar caracteres mientras escribes asuntos planos es ordenar los muebles de una casa sin tejado.
El tipo de asunto que mejor funciona: la curiosidad
Si tengo que quedarme con uno, me quedo con este sin pensarlo: el asunto que juega con la curiosidad. Es el que mejor funciona, y no de poco.
¿Por qué? Porque somos terriblemente cotillas. No soportamos que nos dejen a medias. Necesitamos saber qué hay detrás de ese “pues resulta que…”. Es un mecanismo que no se apaga: cuando se abre un bucle en tu cabeza, necesitas cerrarlo, y la única forma de cerrarlo es abrir el correo.
Pero hay una regla innegociable: la curiosidad la tienes que resolver dentro. Si prometes intriga en el asunto y luego el email no va de eso, eso es clickbait. Una vez no pasa nada. A la segunda, la gente se da de baja y con razón. La curiosidad es un préstamo: si no lo devuelves, te cierran la cuenta.
Hay muchas formas de jugar con la curiosidad. Te cuento las tres que a mí más me gustan y mejor me funcionan.
1. El asunto de una sola palabra
Una. Sola. Y si puede ser rara, mejor todavía.
Una palabra suelta, sin contexto, descoloca. El cerebro no tiene dónde agarrarse y la única forma de calmar esa picazón es abrir. Funciona porque el vacío de información es insoportable: cuanto menos das, más necesita saber el que lee. Es el formato más limpio que existe para abrir un bucle de curiosidad: ni promesa, ni adjetivos, ni paja. Solo una palabra que pide a gritos una explicación.
Más abajo te cuento el caso real que tuve con esto, porque fue una barbaridad de resultados.
2. El asunto en forma de pregunta
La pregunta funciona porque el cerebro no puede ignorar una pregunta directa: la procesa quiera o no, y si encima toca algo que te importa, abrir es casi un acto reflejo.
Imagina que estás en una lista de nutrición y te llega: “¿Sabías que hay 5 alimentos que te ayudan a quemar grasa abdominal?”. Si te preocupa ese tema, es literalmente imposible no hacer clic. La pregunta apunta directa a un deseo o a un miedo que ya tenías, y la respuesta está a un clic. Fin del debate.
La clave aquí es que la pregunta sea sobre algo que a esa persona concreta le quita el sueño. Una pregunta genérica no abre nada. Una pregunta que da en tu punto de dolor no la puedes esquivar.
3. El asunto en forma de afirmación
Es la misma idea que la pregunta, pero al revés. En lugar de preguntar, afirmas, y dejas que sea el lector quien se haga la pregunta solo.
Mismo ejemplo: “5 alimentos que te hacen quemar más grasa abdominal”. Cualquiera que lea eso piensa automáticamente: “¿cuáles serán?”. Y ahí ya lo tienes. Si consigues que el lector se haga una pregunta en su cabeza, va a necesitar resolverla, y no va a poder no abrir.
Esto, bien hecho, es lo más potente: la curiosidad no se la impones, la genera él solo. Y lo que uno se pregunta a sí mismo pesa mucho más que lo que le preguntan.
Escribe normal: lo aburrido no se perdona, lo raro no asusta
Hay una cosa que enlaza con todo esto y que mucha gente no quiere oír: escribir normal vende.
La mayoría de la gente que te lee es gente normal, con un día normal, que se ve reflejada en cosas normales. Cosas del día a día bien contadas funcionan mejor que el discurso inspiracional de coach motivacional. Buscar la épica está bien de vez en cuando, pero ser normal está de puta madre y vende. Esto aplica al asunto y aplica al cuerpo del email: si te interesa la parte de escribir el correo entero sin sonar a vendido, lo desarrollo en cómo escribir emails que la gente lea y compre.
¿La conclusión práctica para el asunto? El pecado mortal no es ser raro ni ser largo ni saltarte una “norma”. El pecado mortal es ser aburrido. Un asunto plano, previsible, de los que ves y ya sabes lo que hay dentro, es un asunto muerto. Prefiere mil veces un asunto extraño que uno tibio.
El caso real: una palabra, casi 50% de aperturas
Te prometí un caso medido y aquí está, porque resume todo lo anterior mejor que cualquier teoría.
En un email que envié hace unos años, el asunto era una sola palabra: Apatheia. Nada más. La gente no entendía nada. No sabían qué significaba esa palabra ni qué pintaba ahí. Y precisamente por eso entraron como locos: necesitaban saber qué demonios era eso.
Ese email tuvo cerca de un 50% de aperturas. Para que te hagas una idea de lo que significa ese número: una tasa de apertura “normal” en email marketing suele moverse bastante por debajo. Casi uno de cada dos suscriptores abriendo es una barbaridad.
¿Qué lo hizo funcionar? No fue el copy del asunto (era una palabra). No fue la longitud (era cortísimo). No fue ninguna fórmula. Fue la curiosidad pura y dura. Y, ojo al matiz: esto lo he repetido más veces y me lo han copiado un montón, lo cual me parece estupendo, porque para eso están las cosas que funcionan. Pero un truco que todo el mundo usa deja de ser raro, y lo raro era justo lo que lo hacía funcionar. La curiosidad no caduca; un formato concreto, sí. Por eso entender el mecanismo importa más que copiar el ejemplo.
En resumen: cómo escribir asuntos de email que se abran
Si te quedas con cinco ideas, que sean estas:
- El asunto es lo más importante del email. Si no te abren, lo demás no ha existido.
- No te vayas a spam. Cuidado con “ayuda”, “oferta”, “urgente” y similares, sobre todo si tu lista aún no te abre con fidelidad.
- Olvida la longitud. Ni corto ni largo: que genere ganas de abrir.
- Juega con la curiosidad. Una palabra, una pregunta o una afirmación que el lector convierta en pregunta. Y resuélvela siempre dentro.
- No aburras. Lo único imperdonable de un asunto es ser tibio.
Saber escribir asuntos no es un truco aislado: es la puerta de entrada de toda tu estrategia de email. Sin esto, da igual lo bueno que sea el resto. Si quieres ver cómo encaja dentro del cuadro completo, échale un ojo a por qué deberías hacer email marketing y, cuando quieras montar el sistema sin liarte, a cómo hacer email marketing que venda. Y si te interesa cómo trabajo yo y en qué ando metido, lo tienes en proyectos.
Lo demás es práctica. Escribe muchos asuntos, mira cuáles te abren, repite lo que funciona y tira lo que no. No hay más misterio.