La versión corta de cómo montar un embudo de ventas
Voy a explicarte cómo montar un embudo de ventas sencillo, sin que tengas que aprender a programar ni gastarte un dineral en una agencia. Si eres coach, terapeuta, consultor o trabajas en cualquier cosa relacionada con el marketing y vendes lo que sabes hacer, esto te sirve. No es teoría: es el esqueleto que he visto repetirse en negocios que facturan de verdad.
Antes de nada, una aclaración. Cuando la gente oye “embudo de ventas” se imagina un diagrama lleno de flechas, herramientas carísimas y semanas de configuración. Olvídate de eso. Un embudo es solo el camino que recorre una persona desde que no sabe que existes hasta que te paga. Punto. Y ese camino, en su versión mínima viable, tiene tres tramos.
Las tres piezas (y solo tres)
1. Un canal de captación
Necesitas una fuente de gente. Da igual cuál: YouTube, LinkedIn, un podcast, anuncios, o patrocinar la newsletter de otro si quieres ir rápido y tienes presupuesto. Lo único que importa es que ese canal lleve a la gente a un sitio donde puedas pedirle el email.
Ese sitio es una página de captación. Una página sencilla, con una promesa clara y un formulario. No hace falta una web de diez secciones ni un diseñador. Hoy montas una página de captación decente en un rato con cualquier herramienta de email marketing —yo uso MailerLite— sin tocar una línea de código. Si te apoyas en un asistente de IA para redactar el texto y estructurarla, lo tienes listo en una tarde. La página no tiene que ser bonita; tiene que dejar clarísimo qué se lleva la persona a cambio de su correo.
2. Una secuencia de emails
Aquí está el músculo del embudo. Cuando alguien te deja el email, no le mandas un “gracias por suscribirte” y desapareces. Le metes en una secuencia de correos —yo suelo trabajar con unas quince— que durante varios días le habla, le aporta, le entretiene y, sin disimular, le vende tu servicio o tu producto.
Esto es lo que casi nadie hace bien, y es lo que de verdad mueve la aguja. La captación solo consigue direcciones de correo. La venta ocurre en la bandeja de entrada, en privado, sin que nadie más opine. Si quieres profundizar en esta parte, lo desarrollo en por qué deberías hacer email marketing y, sobre todo, en cómo hacer email marketing que venda.
3. Un sitio donde se cierra la compra
Al final de esos emails mandas a la persona a un lugar concreto a hacer algo concreto. Y ese lugar puede ser ridículamente simple:
- Un documento de Google con tu oferta explicada y un botón.
- Una página de venta sencilla montada en la misma herramienta de email.
- Un enlace de pago de Stripe si vendes un producto digital.
- Un enlace para agendar una llamada si vendes servicios.
No necesitas una plataforma de cursos de noventa euros al mes para empezar. Necesitas que la persona pueda pagarte o reservar contigo sin fricción. Lo demás es decoración que te paraliza.
Eso es todo: canal de captación → secuencia de emails → sitio donde se paga. Si montas solo esto y lo dejas funcionando, ya tienes más embudo que el 90% de la gente que lleva meses “preparándose”.
El error que comete casi todo el mundo
Aquí viene la parte que quiero que te lleves grabada, porque es donde se cae casi todo el mundo.
Mucha gente intenta cerrar la venta dentro de la red social. Publican, generan interés, y luego pretenden que la persona compre ahí mismo, entre stories, comentarios y el algoritmo metiéndole quince cosas más por delante. Es un error de manual.
La red social es un sitio horrible para cerrar una venta. Hay mil inputs compitiendo por la atención, no hay intimidad, hay ruido, hay competencia directa a un scroll de distancia y la persona está distraída por definición. Vender ahí es como intentar tener una conversación seria en mitad de una discoteca.
La red social sirve para que te descubran. El cierre se hace en el email. En privado, uno a uno, sin distracciones, cuando la persona te lee porque ha decidido leerte. Por eso el correo es la mejor herramienta de venta que existe con diferencia, y por eso la pieza intermedia del embudo —la secuencia— no es opcional. El que se salta el email y manda el tráfico directo a la página de venta está tirando casi todo lo que captó.
El ejemplo de la pedida de matrimonio
Hay una analogía que se usa hasta la saciedad para explicar los embudos: lo de no pedir matrimonio en la primera cita. Está tan vista que da pereza, pero es que describe exactamente el error de querer cerrar en la red social, así que la rescato un segundo.
Nadie le pide matrimonio a alguien al que acaba de conocer. No porque esté mal visto, sino porque la otra persona no tiene ni la información ni la confianza para decir que sí. Primero hay un café, luego varias conversaciones, luego se conocen de verdad y, mucho después, viene la pregunta importante. Saltarse todo eso no es ser directo: es garantizarte un no.
Tu embudo es exactamente eso. La captación es el “encantado de conocerte”. La secuencia de emails son las conversaciones donde la otra persona decide si se fía de ti. Y la página de venta es la pregunta importante. El que manda a un desconocido directo a la página de pago le está pidiendo matrimonio en el minuto uno. Y luego se extraña de que nadie diga que sí.
Esto, además, no es un capricho mío ni una regla del marketing moderno: es cómo decide el cerebro humano desde hace milenios. Lo desarrollo entero en el embudo de ventas no lo inventó Russell Brunson.
TOFU, MOFU y BOFU sin ponerse estupendos
Te vas a encontrar estas tres siglas en todas partes, así que te las traduzco rápido para que no te impresionen:
- TOFU (top of funnel): la parte de arriba, donde te descubren. Mucha gente, poca intención. Aquí va tu canal de captación.
- MOFU (middle of funnel): el medio, donde te ganas la confianza. Aquí vive tu secuencia de emails.
- BOFU (bottom of funnel): el fondo, donde se decide la compra. Aquí está tu página o tu enlace de pago.
Ya está. Es exactamente el mismo embudo de tres piezas de antes, con nombres en inglés para que parezca más serio. Que la jerga no te frene.
Cómo se ve en la práctica
Te lo aterrizo con un ejemplo concreto de cómo lo planteo yo:
- Arriba, uso LinkedIn, YouTube y anuncios para que la gente me descubra, y de ahí los llevo cuanto antes a mi sitio.
- En medio, mi email marketing hace el trabajo de fondo, reforzado por los vídeos y el contenido que publico. Aquí es donde se construye la confianza con el tiempo.
- Abajo, las páginas donde explico lo que vendo rematan la decisión.
Mismo esqueleto que te he descrito. No hay un truco oculto ni una herramienta secreta. Hay una página para captar, una secuencia que hace el trabajo lento de generar confianza, y un punto final donde la persona paga. La diferencia entre el que vende y el que no rara vez está en la sofisticación del embudo: está en que uno lo tiene montado y funcionando, y el otro lleva tres meses eligiendo plantilla.
Empieza por el final y monta lo mínimo
Un apunte importante antes de cerrar. La tentación es empezar por el principio: ponerme a crear contenido para atraer gente. No lo hagas así. Empieza por el final —qué vendes y a quién— y construye hacia atrás. Si no tienes claro qué ofreces ni qué promesa cumple, da igual cuánta gente atraigas: no vas a vender. Eso lo desarrollo entero en si no vendes tus servicios, el problema es tu embudo.
Y si te preguntas de dónde sale toda esta insistencia con el correo, no es capricho: el correo es donde de verdad se construye la confianza que cierra la venta. El argumento completo, con sus razones, lo tienes en por qué deberías hacer email marketing.
Lo demás es ejecutar. Monta la página de captación esta semana. Escribe la secuencia la siguiente. Conecta el enlace de pago. No lo pulas hasta dejarlo perfecto, porque “perfecto” es la excusa favorita del que no quiere empezar. Un embudo feo funcionando vende infinitamente más que uno precioso en tu cabeza.
Si quieres ver cómo aplico esto a mis propios proyectos, le echas un ojo a en qué ando metido. Y si esto te ha sido útil, lo lógico es que te metas en mi lista: ahí es donde de verdad cuento el día a día de montar y afinar estos embudos.